Saludos del Presidente

Hace unos pocos días tuve el placer de conocer a Soledad, un precioso y recién nacido bebé, primer y deseadísimo retoño de un compañero y amigo de allá por la mágica Sevilla. Bonita niña Soledad y bonito su nombre - y muy de por esta tierra nuestra -, pero ante la tierna y emotiva visión de una vida que no había hecho más que comenzar, el nombre que instintiva e instantáneamente vino a mi mente fue el de Esperanza, porque una vida nueva es, además, un cambio, y todo cambio entraña siempre el germen de una esperanza. La sola visión de tan incipiente personita proyectó ante mis ojos la certera certeza de que este hoy pequeñito y frágil ser - y otros y otras muchas como ella - , serán quienes dirijan el mundo dentro de 25 años, quienes cuiden de los que hoy cuidamos de ellas, pero también quienes antes de ello deberán enderezar el rumbo del mundo que les entreguemos.

Sí, Soledad es también Esperanza, es renovación y es apuesta por el futuro.

Como también lo deben ser los cambios que comienzan a vislumbrarse en el sector de la construcción, a modo de una nueva vida que comienza. Porque, hablando de Sevilla, es de allí exactamente de donde proceden también unos esperanzadores estudios realizados por el Laboratorio Ocupacional de su Universidad, en los que el profesor emérito de la misma y exconsejero de Economía, Antonio Ramírez de Arellano, desvela que la curva de ocupación de los egresados de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Edificación de esta ciudad atraviesa el umbral del pleno empleo, como también que el salario medio de éstos supera en un 14% el de los egresados de la Universidad de Sevilla. Aunque, ojo, que al parecer la mayoría de ellos desarrolla su actividad profesional en la Costa del Sol y en Madrid, que no todo el monte es orégano ni a todos los perros se les ata con longanizas.

No podemos decir que en nuestra tierra ocurra lo mismo, ni tan siquiera nada parecido, pero tiempo al tiempo, que más pronto que tarde, la recuperación también llegará a estas extremas y duras tierras que heredamos de nuestros padres y de las que, con o sin tren, nos sentimos tan orgullosos. 

Y, hablando de cambio, dicen los entendidos en la materia que más de la mitad de los niños de hoy tendrá un empleo que aún no se ha creado. Acertada o no, esta predicción señala una tendencia real: el mundo laboral está cambiando a un ritmo acelerado. Y es que, como dijo el poeta, todo pasa y todo queda, así es que estemos preparados para afrontar, con esperanza, los cambios que se avecinan.

Un cordial saludo,

EL PRESIDENTE.

Utilizamos cookies propias y de terceros para realizar el análisis de la navegación de los usuarios y mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, consideramos que aceptan su uso.